viernes, junio 15, 2007

Niños con sus madres en la càrcel



“Hace falta todavía que la cuestión del niño en una cárcel tenga las respuestas que la entidad de un niño exige”.


La anterior es la encarnada reflexión que, a modo de alerta, llamado y convocatoria a los actores sociales con injerencia en el tema, formulan profesionales que atienden la compleja problemática de los niños de hasta cuatro años que acompañan a sus madres detenidas en las cárceles federales argentinas.


El sensible llamado, que invita a preservar y privilegiar “el interés superior del niño” sea cual fuere su medio de convivencia, lo formula el estudio “Niños con sus Madres en una Cárcel; Visión y Acción del Trabajo Social”, realizado por las licenciadas Concepción María Giagnacovo; Liliana Alvarenga; Esther Borlandi; María Laura Arnal; Claudia López y Lilián Rodríguez, integrantes de la Sección Trabajo Social del Centro Federal de Detención de Mujeres, Unidad 31 del Servicio Penitenciario Federal (SPF).

El estudio que, dice, quiere servir como “disparador de reflexión” sobre el tema, recuerda que la Convención Internacional Sobre los Derechos del Niño fue declarada por la Asamblea General de Naciones Unidas el 20 de noviembre de 1989 y establece que “la responsabilidad por el bienestar de los niños es una responsabilidad social”.

“Por esto -continúan-, la presencia de niños en una cárcel compete a sus autoridades en el apoyo y acompañamiento de la madre, como en la observación e intervención de casos donde dicho ejercicio o la familia no estuviera en condiciones de llevar a cabo eficientemente la responsabilidad que implica el bienestar de los niños”.

Cárcel y socialización del niño
“El niño desconoce las pautas culturales y son los adultos quienes le incorporan el entorno a través del proceso de socialización, que consiste en la adquisición de hábitos, normas y valores característicos de la cultura donde debe insertarse el individuo con el objetivo de conseguir la adaptación social”, destaca el estudio.

Agrega que la socialización es “un proceso de interacción entre la sociedad y el individuo, por el que se interiorizan las pautas, costumbres y valores compartidos por la mayoría de la comunidad, se integra la persona al grupo, se aprende la conducta social, se adapta el hombre a las instituciones, se abre a los demás, convive con ellos y recibe la influencia de la cultura de modo que se afirma el desarrollo de la personalidad”.

Explican luego las autoras que “la familia representa el primer contexto social que acoge al individuo y en la actualidad y su papel es incuestionable como socializador de los nuevos miembros con la transmisión de valores y actitudes, siempre en vinculación con el conjunto de la sociedad”.

¿Cuando comienzan otros agentes a intervenir en este proceso? “Desde el momento en que se nace; desde la familia, a los grupos de amigos y a los medios de comunicación e instituciones” puntualizan las profesionales, que dejan abierta a la interpretación libre del lector lo que puede implicar para el proceso de socialización del niño que la primera institución asociada a su desarrollo sea una cárcel de adultos.

Aclaran, no obstante su percepción de que “lo màs significativo respecto a la cárcel es el concepto del colectivo social que se le adjudica y que justamente tiene que ver con la despersonalización, la pérdida del ser; quizás, este sea el punto neurálgico de contradicción en el proceso de socialización que desarrolla un niño alojado en el penal con su madre, que debe preocupar y resulta un gran desafío a afrontar por las trabajadoras sociales en una unidad que asocia cárcel y niños”.

Interrogante
Agregan sobre el intrincado tema que “tanto el colectivo social como la comunidad científica acuerdan que el vínculo madre-hijo es de suma importancia para la constitución psíquica del menor por ser la madre el primer agente socializador, es la seguridad, la protección. Pero al imponerse un ámbito carcelario, surge el gran interrogante: ¿Afecta o afectará al niño, en su proceso de desarrollo y crecimiento, el paso por una institución con las características de una cárcel? ¿No atenta contra alguno de sus derechos? preguntan las autoras, para inmediatamente señalar que “lamentablemente no hay estudios científicos realizados” sobre las influencias que absorberá el menor crecido en un pabellón de detención.

La pregunta es lanzada por las profesionales con la esperanza de ser respondida cuanto antes por quienes tienen autoridad profesional e institucional sobre la densa temática. ¿Lo conseguiràn?...

Al interrogante se llega fàcilmente y no hay casi nada más para internarse en la compleja y sensible problemática de la niñez que acompaña a su madre en una cárcel.

Y es suficiente para avalar la contundente definición profesional que integra el primer párrafo de la presente nota: “Hace falta todavía que la cuestión del niño en una cárcel tenga las respuestas que la entidad de un niño exige”.

Opiniones desde adentro y afuera
La sección Trabajo Social de la Unidad 31 para mujeres del SPF -modelo en Sudamèrica en internaciòn de madres con sus hijos-, que entre otros profesionales integran las autoras, encuestó -26 preguntas con 7 abiertas- a 31 internas con hijos que representan al 31,63% de la población penal, respetándose la distribución por nacionalidad.

Asimismo separadamente se consultó al personal de la Unidad 31 (40 casos) y a personas sin vinculación con la institución (30 casos), a través de 11 preguntas de las cuales 8 fueron abiertas.

Las internas
Consultadas sobre si los niños han sido reconocidos por sus padres el 32.26% tiene a todos sus hijos reconocidos por el padre, igual porcentaje que aquellas que solo han logrado el reconocimiento de alguno de sus hijos, mientras que el 35.48% restante no ha sido reconocido.

De los niños que se encuentran fuera de la Unidad, el 59.26% está a cargo de los abuelos.

Sobre las motivaciones que llevaron a ingresar a los niños al penal observamos que el 35.48% lo decidió por la situación económica del grupo familiar. Se observa que 12.9% de los niños alojados nacieron durante la detención de sus madres.

El 72% de las entrevistadas dice que el único beneficio que tiene los niños al estar alojados en la unidad es la posibilidad de criarse junto a sus madres, mientras que el 19% respondió que los niños no tienen ningún beneficio.

Sobre las desventajas que acarrea a los niños el alojamiento junto a sus madres, el 58% refirió que están encerrados. Consultadas por las ventajas para las madres, el 58% manifestó no tenerlas, mientras que 32.3% refirió que el niño le permite no estar o sentirse sola. El 64.52% de las entrevistadas no siente que el alojamiento junto a sus hijos le ocasiones alguna desventaja.

Al ser consultadas sobre posibles consecuencias en los niños por su paso por el penal, el 25.9% cree que sus hijos tendrán algún tipo de problema en el futuro, mientas que el 41.9 considera que esto no ocurrirá. Las mamás que respondieron afirmativamente hicieron hincapié en la adquisición por parte de sus hijos de vocabulario “carcelario” (cela, jefa, me saca al teléfono, etcetera).
Sobre el tope de permanencia en la Unidad, el 41,95% considera que debe permanecer en 4 años, el 29,3 2 años, el 16,12% 1 año y el 6,45% 3 años.

El 64,5% de las entrevistadas refiere conocer la existencia de la Convención de los Derechos del Niño. De este porcentaje, el 65% no logra enunciar ninguno de los derechos proclamados.

Del personal
Sobre los beneficios que las internas tienen por mantener a sus hijos en la unidad, el 37.5% hace referencia a mantener el vinculo, el 40% señala beneficios en el alojamiento y el 12.5% señala a los niños como un recurso para obtener beneficios.

En relación a las desventajas, el 72.5% refiere que no tiene desventajas.
Sobre ventajas para los niños, el 52.5% señala la posibilidad de mantener el vínculo con sus madres, el 15% la posibilidad de tener las necesidades básicas satisfechas, el 2.5% el acceso al jardín maternal, el 5% el acceso al cuidado de la salud; el 17.5% no percibe para los niños. En relación a las desventajas 45% señaló que los niños se encuentran encerrados, el 40% respondió que la cárcel no es el lugar para criarse y el 5% que no tienen contacto con el afuera.
85% de los entrevistados cree que los niños que han pasado por la unidad sufrirá algún tipo de consecuencia en el futuro.

Extrainstitucionales
El 75% de los encuestados son mujeres, con distribución equilibrada de nivel educativo.

Sobre las ventajas para la mujer privada de la libertad alojada junto a su hijo, el 60% respondió que le permite mantener el vinculo con el niño, mientras que el 30% manifiesta que la ayuda a pasar la situación de encierro.

Las desventajas observadas por los encuestados, en su gran mayoría se refieren al lugar donde se encuentran los niños, con el 46.6% de las respuestas.
Sobre las ventajas para los niños, el 83.3% manifiesta la posibilidad de mantener el vínculo con su madre.

En relación a las desventajas, el 50% manifiesta que la cárcel no es el lugar adecuado para criarse mientras que el 13.33% opina que los niños están presos como sus madres, igual porcentaje se repite entre aquellos que consideran que adoptará códigos y lenguaje carcelario.

El 53.3% de los entrevistados refiere que los niños que han pasado por el penal tendrán consecuencias en el futuro, frente al 6.6% que considera lo contrario. El resto de los entrevistados refieren que estar lejos de la madre, sería más nocivo (10%) y que dependerá de la contención que tengan al egreso (20%).


Fotografia: Jardin Maternal de la Unidad 31 del SPF argentino, modelo en Sudamerica

martes, junio 12, 2007

Ex preso, presidente del OIP francès: no hay paìses ejemplares en lo penitenciario

“No hay países ejemplares en materia penitenciaria. Sólo hay países que hacen esfuerzos” para mejorar el sistema sostuvo Gabriel Mouesca, titular de la oficina francesa del Observatorio Internacional de Prisiones(OIP), quien ademàs sostiene que "la cárcel sigue siendo una herramienta socialmente peligrosa”.

La suya es una opiniòn europea acerca de la realidad penitenciaria del mundo. Opiniòn, la de Mouesca, surgida del pensamiento de un hombre de 40 años que conoce la “tumba” de adentro: pasò 17 años encarcelado. Sin embargo, fue elegido por unanimidad presidente del Observatorio Internacional de Prisiones (OIP) en junio de 2004. Esta asociación, creada en 1990, tiene como finalidad proteger los derechos de los detenidos, pero es notorio que en los ùltimos años la conducciòn de sus distintas filiales avanza a ser ocupada por ex detenidos y, con eso, asociada a una visiòn crìtica de la càrcel cuya neutralidad no es inopinable.

Mouesca sostiene que “la causa de todos los males es, claro está, la masificación” de la poblaciòn penal dentro de las prisiones, tanto en nùmero como en carencia de posibilidades de clasificacion de los internos segùn delitos y perfil personalìstico.

Este ideal de la actividad penitenciaria, en relaciòn directa no sòlo con la doctrina de cada sistema, sino tambièn con los presupuestos de funcionamiento por lo general màs que raquìticos, es el objetivo a lograr y no es fàcil de hallar tras las rejas en un paneo de la actividad a nivel mundial.

Como observador de la OIP Mouesca señala que “hoy día, por ejemplo, hay cerca de 10 mil reclusos excedentes en las cárceles francesas como consecuencia de la política penal en vigor en este país que mantiene a la gente mucho más tiempo en prisión”.

“De esto se derivan los problemas de higiene, de intimidad, de falta de actividades, de -falta de- atención a los reclusos vulnerables, dificultades para la gestión de locutorios, el mantenimiento de los vínculos familiares, etcètera” advierte el ex detenido, cuyos dichos fueron reproducidos por el sitio “Derecho Penitenciario” perteneciente al Colegio de Abogados de Pamplona www.derechopenitenciario.com.

Para afrontar la sobrepoblaciòn carcelaria, Mouesca explica que “la idea no es aumentar el número de instalaciones penitenciarias, sino sacar de prisión a las personas que no tienen que estar allí y favorecer las alternativas” a la detenciòn que en la entrevista no especifica.

Puntualiza luego que “se trata no sólo de una elección política, sino también de un paso adelante de nuestra civilización; es urgente pasar de una época obsoleta, de la prisión, a otra, que será la de la sanción útil, de la sanción que puede ser objeto de educación y ayuda. Estoy firmemente convencido de ello, pues la cárcel hace tiempo que ha demostrado su incapacidad para ser socialmente útil. Sigue siendo una herramienta socialmente peligrosa” destaca Mouesca.

Sin embargo tampoco aquí el titular de la OIP en Francia enumera o precisa cuàles son las “sanciones ùtiles” que pondera en sustituciòn de la càrcel y tampoco señala la alternativa a lo penitenciario que, por sobre la teorìa y las doctrinas garantistas, es considerado necesario por las sociedades del primero al cuarto mundo.

Consultado sobre si las iniciativas emprendidas en Europa en cuanto a lo penitenciario mejoran “el tratamiento que se da a la cuestión de las cárceles”, Mouesca dice que “en el concepto penitenciario europeo, las condenas privativas de libertad deben aplicarse como último recurso. El encarcelamiento se ve como una preparación para la salida, es decir que a cada persona que pasa por la casilla “prisión” se le condena también a salir un día, a reencontrarse con la sociedad” reflexionò el ex detenido.

Añade que las autoridades europeas insisten para que la prisión no sea un “lugar de almacenamiento de materia humana que haya cometido delitos o crímenes, sino un lugar donde se prepara a la persona para su reencuentro con la sociedad y para que dicho reencuentro se produzca en condiciones que permitan lograr la reinserción” social.

“Las normas penitenciarias europeas representan una forma tentativa de aplicación en el medio carcelario de las normas que son nuestros valores; no obstante, no existe aún ningún país donde estas disposiciones se hayan aplicado de verdad” asegura Mouesca.

Sostiene luego que “los derechos más elementales no siempre se respetan en prisión; alimentados con odio y violencia, los que de allí saldrán serán auténticas bombas humanas” asegura con dramatismo el entrevistado.

Explica luego que la Unión Europea aconseja que las condiciones de vida en las prisiones estén “lo más cerca posible de las realidades del mundo exterior y eso significa, por ejemplo, que se favorezca el vínculo familiar, permitiendo, a los presos llamar por teléfono a sus familiares”.

En la actualidad, un setenta por ciento de los establecimientos penitenciarios franceses no ofrecen a los presos la posibilidad de llamar por teléfono denuncia Mouesca, quien considera que “si se aplicaran estas normas penitenciarias se reducirían los efectos “desocializantes” de la cárcel y las personas que salen de prisión tendrían menos dificultades para conseguir su reinserción” concluye.