lunes, mayo 21, 2007

Familiares de presos, también presos: de carencias psicoeconómicas


Los familiares de los presos, en su gran mayoría mujeres, afrontan una situación también encerrada: esencialmente por dificultades económicas, a las que se suman las psicológicas y sociofamiliares según explica Cristina Fernández en su libro “La Cárcel en el Entorno Familiar”.

El libro resume las investigaciones sobre la sensible temática de las familias de los encarcelados, realizada en España por el Observatorio del Sistema Penal y los Derechos Humanos de la Universidad de Barcelona (UB).

La vida de los parientes de presos “queda condicionada por la prisión sin haber cometido ningún delito” sostiene Fernández, que adjudica el rol de principal condicionante del desenvolvimiento de estas personas a la cuestión económica.

“Los gastos que genera el ingreso en prisión de un familiar, añadido a la pérdida del sueldo de quien ha perdido la libertad -a veces el único del hogar-, se ven incrementados por la nueva situación y esos mayores gastos no están contemplados en la ayuda social gubernamental”, advierte el informe del Observatorio.
Más de 65.000 familias en España, número igual al que registra la Argentina, sufren el agobio de tener un familiar en prisión con su carga implícita de consumo de recursos y conflictos psicológicos agitándose por sobre lo que supone un estigma social, asegura la investigación.

No obstante este raquítico cuadro, la mayoría de los allegados prefieren contratar un letrado privado para defender a su familiar preso, a pesar de la carga económica que supone esta situación. Esto se da al extremo de “dar prioridad al abogado privado por encima de poder comer” apuntó otra de los miembros del Observatorio, Aura Roig.

Los regímenes penitenciarios, con horarios de visita y tramitación estrictos y generalizadamente coincidentes con horarios laborales de la comunidad, son pensados para las necesidades de la prisión y no de los parientes de los alojados. Esto también sobrecarga la situación de esas familias puntualiza el estudio.
Sin embargo la investigación considera que “un gran cambio en la vida de estas personas es el aspecto psicológico y sociofamiliar, ya que la prisión entra en la cotidianeidad, en todas las facetas de la vida” opina.
Las mujeres de presos “presentan cuadros psicológicos de autoestima, inseguridad y sentimiento de culpa”; en definitiva -resume Roig- “un sentimiento de estar en la prisión”.
“La prisión es la propia sociedad, a la que prefieren ocultar su situación por miedo o rechazo” ilustró Roig para concluir.

Finalmente otra de las autoras del estudio, la doctora en Ciencias Económicas de la UB, Nuria Font, destacó que por la situación del encarcelado la mayoría de los familiares prefiere “recurrir a la mentira”, también delante de los hijos, como una forma de afrontar “el poco apoyo psicológico que reciben”de fuente externa al hogar.

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