martes, enero 02, 2007

Dar trabajo a presos en México: sueldos mínimos y sin impuestos


Los empresarios que dan trabajo a los presos mexicanos abonan el sueldo mínimo, mientras el Estado los exime de pagar el impuesto a las ganancias, seguro social, gastos administrativos y hasta el agua y la luz que consumen en los emprendimientos que deben funcionar dentro de los establecimientos de detención.

No obstante la seductora oferta de mano de obra barata a salvo de impuestos, tasas y aportes sociales, sobre un total de 19 mil encarcelados extrañamente sólo 600 detenidos acceden al empleo en las cárceles de México con un salario de 68 pesos diarios.

"Nosotros controlamos el salario y partimos de los sueldos mínimos; en algunos casos los internos perciben salario por trabajo a destajo, es decir, según lo que trabajen; pero, en promedio, es un salario mínimo y medio lo que reciben en general", precisó Francisco Bárcenas Salinas, jefe de Industria Penitenciaria del gobierno mexicano.

También confirmó que el Estado exime del pago de cualquier impuesto a los empresarios que instalen sus empresas dentro de alguno de los doce Centros de Readaptación Social del sistema penitenciario de ese país. “La premisa es coadyuvar en los procesos de readaptación social” de los presos a través de su ocupación en el trabajo, destacaron las fuentes oficiales.

En Argentina
Las condiciones de contratación de mano de obra en las prisiones mexicanas según estas premisas resultará más que atractiva a los ojos de los empresarios argentinos.
En las cárceles federales de Argentina, donde el trabajo carcelario ofrecido por terceros supera en volumen al del país azteca, si bien el salario es equiparable al del denominado “Mínimo, vital y móvil -por su periódica actualización-”, los empresarios están comprometidos a erogar los gastos por impuestos nacionales y provinciales; el aporte patronal para la jubilación del trabajador; su seguro personal y el costo de las aseguradoras de riesgo laboral. Los gravámenes impositivos y laborales son muy elevados en la Argentina ya que suman alrededor de un 40% más de costo al salario.

En cambio, no se exige al empresario levantar instalaciones que hagan las veces de planta industrial dentro de los penales. Las cárceles adquieren la maquinaria necesaria para realizar los trabajos que se les encargan -textiles son los más contratados- y el empresario debe ingresar y retirar de los talleres por su cuenta las mercaderías.

Una parte del salario abonado es retenida a los detenidos trabajadores en concepto de ahorro que se les entregará al recuperar la libertad, mientras el resto puede utilizarlo para adquirir alimentos y elementos de uso personal.

En las cárceles federales argentinas el Ente Cooperador Penitenciario (ENCOPE) es el organismo -perteneciente al Servicio Penitenciario Federal- encargado de invertir, administrar y comercializar los productos realizados en los talleres carcelarios.

Regreso a México
La Industria Penitenciaria de este país propone a los talleres carcelarios entre otras cosas la fabricación de muebles de madera; armado de anteojos; confección de artículos deportivos; fabricación de pelotas de futbol; hechura de cinturones; bisutería; armado de pinzas y brochas; costura de pieles; confección de calzado y prendas de vestir; encuadernación y diseño de disfraces.

“El objetivo de dar trabajo a los internos es lograr una terapia gratificada, que apoye a su manutención durante la estada en prisión y les brinde la posibilidad de contribuir, aún durante la reclusión, a la economía de sus familias, mientras se los capacita en un oficio que les sea útil para conseguir trabajo al recuperar su libertad”, explicó Alejandro Carmona Prantl, director general de Cárceles de México.

El funcionario se preocupó luego de invitar especialmente a los empresarios que concentra la Cámara Nacional de Comercio a mirar e invertir en las posibilidades del trabajo carcelario, hasta ahora poco evaluadas por el sector industrial.

La empresa más importante entre las quince que se nutren en las cárceles de la industria penitenciaria es “Brochas Perfect” que emplea a 80 internos, mientras que la más pequeña es Agua Presa que utiliza seis trabajadores.

Para Carmona Prantl, la industria penitenciaria tiene la posibilidad de abrir más espacios para la instalación de nuevos talleres, con la sola excepción de aquellos que asocien el manejo de herramientas que los internos puedan convertir en armas. “Hace unos meses tuvimos que cerrar un taller de fundición y dejar sin empleo a decenas de personas, pues nos representaba un problema constante" de búsqueda y decomiso de armas cortopunzantes que los presos construían con lo que sacaban de la fundidora, señaló el director de cárceles.

Al respecto, Alejandro Zendejas Maya, empresario de capacitación de personal, consideró que el gobierno estatal está obligado a brindarles una oportunidad de trabajo a los ex convictos, ya que al obtener su libertad "por lo regular nadie les da ocupación y existe la posibilidad de que vuelvan delinquir", expresó.

Carmona Prantl precisó que se está dando impulso a un programa para promover que los internos que recuperen su libertad y hayan participado en Industria Penitenciaria sean contratados por los empresarios para los que trabajaron como internos, concluyó.

El informe periodístico sobre las condiciones del trabajo carcelario azteca fue realizado por Eduardo Alonso en el periódico “El Universal” de la capital mexicana.

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