miércoles, enero 31, 2007

Cárceles de mujeres en Colombia: "deplorables" dice informe oficial


Las 3.600 detenidas en las 62 cárceles para mujeres de Colombia viven en “condiciones deplorables”, informó en enero la Procuraduría General de la Nación de ese país después de recorrer 56 penales con población femenina.

Mientras gubernamentalmente se afirma que estarían habilitadas 4.259 plazas, de las cuales se encuentran ocupadas 3.593, la Procuraduría sostiene en su informe que las cifras oficiales hablan de número de camas disponibles en las prisiones y que, según lo inspeccionado, en celdas para cuatro personas suelen ubicarse cuatro camas dobles con lo que se duplica la capacidad máxima del espacio.

“Esa situación hace que 60 de cada 100 presas ocupen dormitorios compartidos por más de cinco personas, cuando las habitaciones son para un máximo de cuatro ocupantes” asegura el informe al fundamentar su denuncia de crítico hacinamiento en las prisiones colombianas para mujeres.

Los mayores indices de sobrepoblación se dan en los establecimientos de Medellín, Arauca, Sincelejo, Yopal, Santander de Quilichao, Ocaña y Viejo Caldas y la fotografía que acompaña esta información, correspondiente a un sector de la cárcel de Buen Pastor de Bogotá, es convincente del amontonamiento de mujeres aún para los escépticos.

En esos recortados espacios, conviven internas procesadas y condenadas y tampoco se repara en otro tipo de clasificaciones sobre tipo de delito y personalidad para asignar los alojamientos. Exactamente lo contrario de lo que el penitenciarismo bien entendido plantea.

La Procuraduría General de la Nación encontró que la mayoría de las condenadas lo son por delitos relacionados con el tráfico ilícito de drogas. Considera en consiguiente que las mujeres no adictas a los estupefacientes al ingresar, adquirieron el vicio en el penal y la demanda de su satisfacción inclina a las internas a pujar por bolsones de poder dentro de la prisión que les permitan obtener recursos para un mejor pasar a través de la distribución de drogas y otros elementos no autorizados.

No a ginecólogos y psiquiatras
Por otra parte la inspección encontró que sólo en dos de las sesenta y dos cárceles hay ginecólogo. En las demás, médicos generales -clínicos- son los que deben atender las afecciones propias de las mujeres.

Si de médicos psiquiatras se trata solamente la cárcel del Buen Pastor de Bogotá, con una población de 1.000 internas, cuenta con un facultativo de la especialidad.

Los elementos de aseo se entregan “a manera de recompensa por buen comportamiento o en fechas especiales” sostiene la Procuraduría y muchas veces la procedencia de estos implementos proviene de donaciones de instituciones privadas o de iglesias.

Los directores de los establecimientos de detención no negaron las carencias pero señalaron a la Procuraduría la gravedad de las limitaciones presupuestarias que afrontan las cárceles.

Abogado se busca
Otra característica detectada por los autores del informe oficial es la generalizada ignorancia de la situación jurídica por parte de las detenidas. “No tienen nociones de su situación jurídica” y por eso “no conocen las posibilidades de acceder a beneficios como permisos o libertad anticipada” puntualiza el trabajo.

Sobre esto se encontró que en menos una de cada tres cárceles hay oficina jurídica encabezada por un abogado, sin otro apoyo de profesionales en derecho. En el resto de las prisiones las oficinas jurídicas son conducidas por agentes sin formación jurídica y sin supervisión jeráquica, dice el informe.

Trabajo
Entre otras consecuencias, el desconocimiento de los derechos “ha permitido la explotación laboral de las reclusas dentro de los penales” donde se trabaja en la realización de tarjetería, flores artificales, muñecos de peluche y actividades de aseo y cocina” detalla finalmente el informe de la Procuraduría General del gobierno de Colombia, al que tuvo acceso el periodista Juan Esteban Mejía Upegui, de la cadena de medios informativos “Semana” de ese país.

Puede concluirse que si el foco de esta nota fueron las cárceles colombianas para mujeres, esta dura realidad no se circunscribe a sus fronteras. Por el contrario, cada una de las características descriptas en esta entrega son rasgos que se repiten inagotablemente, con mayor o menor entidad y con muy contadas excepciones, en toda la geografía penitenciaria centro y sudamericana. Lamentablemente.


Fotografía: “www.semana.com” de la cadena “Semana” de Colombia.

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