martes, mayo 06, 2008

Prisiones en Francia: "Una humillación para la República"


En 2000 una comisión del senado francés que estudió el estado de las cárceles tituló su informe con contundencia: “Prisiones: una humillación para la República”. Francia, entonces con 61 mil presos, superaba su récord de detenidos de los tiempos de la ocupación alemana.


El senado francés difícilmente hubiera encontrado un título para su informe, si hubiera recorrido las cárceles de Centro y Sudamérica: es que consideró “indigno” que no se cumpla, entre otras cosas, con el derecho a celda individual. Derecho que en muchos de los países de nuestra región no lo es y que por eso permite el alojamiento en pabellón común, fuente central de la conflictividad en los establecimientos penitenciarios. Peor: en Francia se quejan de que en una celda de tres por tres metros, son alojados “hasta cuatro personas”. Un privilegio comparado con la mayoría de las prisiones de esta porción del mundo.


Ése y otros estudios, cuyos datos merecen ser chequeados por lo menos, denuncian que en Francia la requisa acostumbra a explorar “los orificios -de los detenidos- donde pueden esconderse sustancias prohibidas”, mientras el pelotón de guardias actúa “encapuchado”. Se quejan del uso de fusiles con mira telescópica provisto a la seguridad externa de las unidades penales.


También de supuestas irregularidades cometidas por los funcionarios penitenciarios para autorizar visitas, correspondencia, llamadas telefónicas e ingreso de material de lectura. Finalmente, de los regímenes de “tortura blanca” como la incomunicación prolongada, destinada a “presos políticos” que el gobierno francés ha desconocido siempre como tales.


De ser cierto la mitad de lo que se dice en relación al trato-tratamiento de reclusos en Francia, el régimen marca un contraste abismal con lo que, por ejemplo, se pretende en algunos sistemas penitenciarios como por ejemplo el federal, o nacional argentino, donde los “habeas corpus” presentados por los presos por violación de sus derechos pululan en los juzgados y en algunos casos jaquean a la conducción carcelaria.


Y esto no es una crítica a lo que procura respetar al hombre por el sólo hecho de serlo y aún cuando en las cárceles la gran mayoría de los internos no han respetado a otros hombres y por eso están alli. Muy por el contrario, y muy alejado de ello es el único objetivo de informar sobre este abismo en la gestión carcelaria: hay rudeza en el trato de presos en muchos países avanzados. ¿Ésto produce mejor o peor resultado que en los regímenes permisivos? En todo caso; ¿El mejor resultado es humano o carcelario o humano y carcelario? La conclusión y la profundización en el tema queda para los lectores.

Francia, el senado y otros
Sostuvo el informe del senado francés que “las condiciones de reclusión” en los centros penitenciarios “son a menudo indignos de un país que se precia de dar lecciones al exterior de derechos humanos”. Categórico. Podría decirse sorprendente.


Tres años más tarde un informe del Observatorio Internacional de Prisiones, habló de la insalubridad instalada en los establecimientos de detención, obsolecencia de las instalaciones y una promiscuidad llevada al extremo con tres o cuatro personas viviendo en menos de nueve metros cuadrados. A esto se añadía falta de personal, masificación de los locutorios y carencia de actividades de formación necesarias para que la cárcel cumpliera su función de “reinserción” que la ley le confía.


Para recargar el escenario, un informe publicado por el Comité Europeo para la Prevención de la Tortura en 2004 aseguró que los presos franceses padecen a diario “tratos inhumanos y degradantes”, que son filmados por las cámaras de seguridad penitenciarias. Se produce la violación de sus derechos de disponer de celda individual estipulado en una ley de 2000 que, dice el informe, no se respetó.


Desde 2003 “los traslados, la represión de revueltas, los registros de celdas y el cacheo corporal de los presos, que nunca olvida los orificios susceptibles de esconder objetos o sustancias prohibidas, son realizados por los Equipos Regionales de Intervención y Seguridad (ERIS), quienes actuarían encapuchados, aseguran los denunciantes.


Los derechos a visitas, correspondencia, llamadas telefónicas y a recibir publicaciones del exterior son concedidos según el humor de la jefatura carcelaria que, además, alargaría la efectivización de liberaciones condicionales, agrega el mismo informe ingresando en lo escandaloso si esto fuera tal cual.


Los “presos políticos”, categoría que el gobierno francés niega, estarían sometidos a un régimen de incomunicación, que es calificado de violencia "blanda" por los denunciantes. “He estado encerrado durante más de siete años en una célula de nueve metros cuadrados”, comentó Jean- Marc Rouillan, condenado a perpetuidad presuntamente por su pertenencia política, en una entrevista en 2002 a la televisión: “estuve sólo durante el día y la noche, sin tener contacto directo con otras personas más que los guardias. Cuando salí del aislamiento no conseguía hablar, era incapaz de expresarme y aún hoy tengo enormes dificultades, toda conversación me resulta un esfuerzo. El aislamiento total es vivir en una tumba”, explicó el ex preso.


Por último las quejas avanzan a cuestionar la provisión de fusiles con mira telescópica a los guardias apostados en torres de vigilancia externas.

Suicidios
El dato que hoy concentra la atención de los investigadores es, no obstante, la elevada tasa de suicidios de las cárceles francesas, que se multiplicó por dos en los últimos veinte años para llegar uno cada tres días, sostienen quienes denuncian la situación.


El suicidio en febrero último de un menor en uno de los nuevos reformatorios desató una ola de protestas sobre la situación carcelaria, pero dos meses después no hubo cambios en las prisiones francesas.


Según el gobierno la solución pasa por la renovación y la ampliación de la infraestructura penitenciaria, que atienda las exigencias provocadas por el aumento de la criminalidad. La administración penitenciaria francesa prevé una población penal de 80 mil individuos para 2017.


En cambio, la oposición política y las investigaciones de un puñado de sociólogos, atribuyen a las políticas penales de los últimos veinte años, el atestamiento de las cárceles.


Desde 2000 se promulgaron cinco leyes atendiendo la problemática de la inseguridad: durante el gobierno de Raffarin -2002-2005-, la presunción general de irresponsabilidad de los menores se bajó y la edad de detención provisional se fijó a los 13 años. Después, siendo ministro del Interior el hoy presidente Sarkozy, éste elaboró la ley para la Seguridad Interior que criminalizaba más delitos menores como el pequeño tráfico de estupefacientes y tipificó nuevos, como la prostitución pasiva o las reuniones “amenazadoras u hostiles”. Ya en su presidencia se promulgaron penas fijas para los reincidentes y la “retención de seguridad”, que permite mantener detenido a quien, tras cumplir la condena, se lo considera “peligroso para la sociedad”.
Según los mismos estudios por la legislación de las últimas dos décadas las penas a más de veinte años de cárcel se multiplicaron por 3,5 entre 1996 y 2006.

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