lunes, abril 21, 2008

Corte Suprema de EE.UU. reafirmó que la inyección letal es constitucional

La Corte Suprema de Estados Unidos confirmó el miércoles último que la inyección letal como método de aplicación de la pena capital es constitucional, en una decisión que vuelve a abrir el tránsito de los “pasillos de la muerte” para casi 3.300 sentenciados a morir en ese país.


Por siete votos contra dos el tribunal supremo estadounidense rechazó un recurso presentado por dos reos de Kentucky, quienes alegaron que la inyección provoca al ejecutado un “sufrimiento cruel” por lo que el procedimiento violaría la Constitución estadounidense que prohíbe causar al ejecutado un “sufrimiento innecesario”.


"No se ha conseguido demostrar que la posibilidad de -sufrir- dolor por mala administración de la inyección letal (...) constituya un castigo cruel e inusual", ponderó en un fallo contundente de la Corte Suprema su presidente, John Roberts.


Esta decisión abre la puerta a las ejecuciones que fueron suspendidas en los últimos seis meses a la espera del fallo del máximo tribunal, que calificó al procedimiento de la inyección letal de "protocolo probadamente humano".


El vía libre judicial a esta modalidad de la pena capital llega en un momento de plena declinación de su utilización: el año anterior las ejecuciones en Estados Unidos se recortaron a un mínimo histórico de los últimos diez años: 42 ejecutados. En 2008 no se ha realizado ninguna ejecución.


En contraste, Amnistía Internacional(AI) denunció que en los últimos tres meses -debe repetirse, tres meses- China ha ejecutado 1.781 personas, exactamente 30 más que todo el resto del mundo en el mismo período. Las ejecuciones en China no castigan sólo a crímenes violentos, sino también sobornos, malversación de fondos y robo de combustibles, precisó AI. El documento aclara que la situación es peor: el número de ejecuciones es mucho mayor de lo que admiten las cifras oficiales, ya que sólo una fracción de las penas de muerte alcanza el conocimiento público. Con frecuencia las ejecuciones en China se realizan inmediatamente después de juicios masivos que tienen lugar frente a muchedumbres reunidas en lugares públicos. En la provincia de Yunnan, un juicio de esta índole fue trasmitido en vivo por televisión, aseguró AI.


Otra vez en EE.UU.
Volviendo a la situación en los Estados Unidos, donde hoy por lo menos dos tercios de los ciudadanos están a favor de la aplicación de la pena de muerte, en 1978 muchos estados comenzaron a utilizar la inyección letal en lugar de la silla eléctrica, la horca, el fusilamiento o la cámara de gas, por considerar a estos “más inhumanos”.


La inyección letal produce la muerte por suministro intravenoso de un cóctel de tres sustancias tóxicas: el tiopental sódico es un barbitúrico de acción rápida que hace perder el conocimiento al preso; el bromuro de pancuronio es un bloqueador que paraliza el diafragma del reo inhibiendo la respiración y, finalmente, el cloruro de potasio inmoviliza el músculo cardíaco.


Los que están contra la pena de muerte sostienen que muchas veces la mezcla de estas sustancias no logra adormecer al reo y éste sufre una dolorosa muerte aunque no pueda quejarse por las mismas drogas que recibe.


Se da como ejemplo dos casos en Florida y California donde los condenados habrían tardado en morir 30 minutos. Fue entonces cuando el gobernador de Florida Jeff Bush ordenó una investigación sobre la ejecución Ángel Nieves Díaz y un tribunal de California exigió una revisión del procedimiento.


Al conocerse el fallo de la Corte Suprema confirmando este procedimiento de la pena capital, el gobernador de California, el actor Arnold Schwarzenegger, rápidamente confirmó en un comunicado de prensa que “voy a seguir defendiendo la pena de muerte y la voluntad del pueblo, y estoy seguro de que la inyección letal en California será confirmada", señaló un comunicado oficial.


La confirmación de la constitucionalidad de la pena de muerte por inyección letal coincidió con la visita de Papa Benedicto XVI, contrario por principio de la doctrina católica a la pena de muerte. El sensible tema, sin embargo, no fue abordado en las conversaciones que el Sumo Pontífice mantuvo con el presidente George Bush en la Casa Blanca, según lo informado oficialmente.


La pena de muerte, más allá de su modalidad más o menos dolorosa de aplicación, es uno de los temas más polémicos que, todavía en el siglo XXI, mantiene el mundo presuntamente civilizado.


Pero incluso por encima de la polémica, e incluso por encima de lo que puede ser medido por cada uno como humano/inhumano, la pena de muerte tiene que ser dudosamente digerible para un ciudadano: el Estado, al representarlo, matando, lo pone a la altura de los criminales a los que se castiga con la pérdida de la vida.



Foto: una sala de muerte por inyección letal en una prisión estadounidense.

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