miércoles, septiembre 27, 2006

Las cárceles "no son democracias y deben funcionar en un contexto ético"

“Es una necesidad que las cárceles funcionen dentro de un contexto ético impuesto por sus jefaturas” afirmó el lunes en una conferencia en Buenos Aires, Andrew Coyle, ex director de cárceles de Gran Bretaña y actual profesor del Centro Internacional de Estudios Penitenciarios de la Universidad de Londres.

El experimentado penitenciarista inglés aludió con esa frase a la “necesidad” que los establecimientos carcelarios se ajusten a dar un trato “decente, humano y justo” a los presos, sin que ello desplace la obligación de que “haya orden y control” en el penal y de que los detenidos “no se fuguen”.

Asimismo Coyle subrayó en su exposición “que las cárceles no son democracias” donde las decisiones deben ser consensuadas, sino que para cumplir adecuadamente su función “tiene que haber una cadena de mando claramente reconocida y estructurada aún si los funcionarios son civiles” advirtió el conferenciante.

Por otra parte coincidió en que “la clave de la cárcel es la naturaleza de la relación entre los presos y guardianes”, aludiendo a que si la gestión del establecimiento prioriza la convivencia entre ambos sectores estos tienden a desenvolverse dentro de la calma, mientras que una atmósfera hostil mantiene latente la posibilidad de la protesta y el motín de los presos.

Coyle, con 25 años de trayectoria en el Servicio Penitenciario inglés, fue uno de los expositores de la Conferencia Internacional de Administración Penitenciaria que, auspiciada por el Servicio Penitenciario Federal, se desarrolló en el salón auditorio de la Dirección Nacional de la institución entre el 25 y el 27 de setiembre.

La disertación
Al hablar sobre el temática “Personal Penitenciario” Coyle subrayó que “es una necesidad que las cárceles funcionen dentro de un contexto ético impuesto por sus jefaturas”, las que “deben gestionar nada menos que seres humanos, guardias y presos” dijo.

“El trato a los detenidos debe ser decente, humano y justo; sin que esto desplace la obligación de velar porque los presos no se fuguen y que haya orden y control” en los establecimientos.

Coyle consideró que a nivel mundial “la gente sabe muy poco sobre el trabajo carcelario, lo que lleva a la baja estima popular de la tarea”. Por esto el disertante ponderó la necesidad de que los directores de penales “entusiasmen e incentiven” a los agentes a su cargo. “El personal desempeña algo más que un simple trabajo” interactuando con los presos, recordó.

“Creo que en la mayoría de los países se le pide al personal penitenciario una tarea imposible” sostuvo sorprendentemente seguidamente el experimentado ex jefe carcelario.

Así lo consideró al reconocer que por lo general a escala planetaria son bajos los niveles de sueldos destinados al personal, como así la provisión de medios de trabajo, también sus posibilidades de jerarquización laboral y de reconocimiento de las dificultades de su tarea.

Coyle se quejó de este cuadro generalizado al ponderar que el personal debe estar dispuesto a sostener la premisa de que “la clave de la cárcel es la naturaleza de la relación entre los presos y guardianes”, por lo que los guardias deberían ver aliviada su delicada labor con un buen sostén profesional por parte de la institución carcelaria a la que pertenecen.

Por otra parte buscó subrayar que “las cárceles no son democracias” donde las decisiones deben ser consensuadas, sino que para cumplir adecuadamente su función “tiene que haber una cadena de mando claramente reconocida y estructurada aún si los funcionarios civiles” advirtió el conferenciante.

Aludió así a los procesos de decisiones que deben tomarse en las situaciones de crisis propias de las cárceles, donde la claridad y la rapidez significan la diferencia entre un desorden y un motín generalizado.

En ellos, cuando es necesario el uso de la fuerza, el conferenciante afirmó que “es importante tener establecido anticipadamente el conjunto de procedimientos para el caso. La acción de uso de fuerza debe ser comandada por el funcionario más antiguo de guardia” definió Coyle.

Finalmente el penitenciarista inglés buscó resaltar enfáticamente la función del agente penitenciario que trabaja en contacto permanente con los presos: “son los más importantes de una gestión carcelaria” puntualizó.

Andrew Coyle, visitó por segunda vez la Argentina –el año pasado conoció y habló en la Escuela Penitenciaria de la Nación invitado por el Servicio Penitenciario Federal-y además de su trayectoria como jefe carcelario es actualmente profesor del Centro Internacional de Estudios Penitenciarios de la Universidad de Londres.

Este organismo de estudio e investigación sobre la temática de la cárcel fue creado en 1997 en el ámbito de la Universidad de Londres como “centro de información para el personal penitenciario de todo el mundo y de elevación de su perfil profesional”, según lo definió el orador.

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