jueves, enero 24, 2008

Bueno para todos: el SPF argentino separa a presos primarios de reincidentes


El Servicio Penitenciario Federal(SPF) firmó una disposición que instaura un nuevo régimen de detención para los internos primarios y los separa de la población penal reincidente y reiterante.

La medida, si es que se implementa de acuerdo a lo que se escribió oficialmente, no sólo asocia penitenciarismo bien entendido al alejar a quienes ingresan por primera vez a una unidad penal de la influencia de los factores criminógenos propios de las cárceles. Además es saludable para el segmento más sensible de la población penal, el de los primarios, para el propio personal, para el correspondiente tratamiento penitenciario y para la sociedad toda a la que no escapa que la convivencia con los “gratas” -jefes- del delito en los pabellones contamina irremediablemente a los “perejiles” -apenas delincuentes-.

El nuevo régimen alcanza a detenidos que no hayan estado alojados en institutos de menores por un tiempo mayor a ocho meses y a los que tienen menos de ocho meses privados de la libertad en cárceles de adultos.

La llave de la iniciativa es su punto de partida: destina a los primarios a un alojamiento separado del resto de la población penal.

El nuevo “Régimen de Trato y Convivencia para Internos Primarios”, aunque muy demorado en el tiempo, es un largo paso dado por el SPF en la búsqueda de desmasificar el tratamiento penitenciario a los detenidos porque tiende una mano a los alojados más sensibles del sistema, los que ingresan por primera vez, preservando su convivencia mientras atraviesan el trance carcelario.

Características
La selección de los detenidos que son incorporados a la nueva modalidad es realizada por una Comisión de Admisión y Evaluación integrada por un psicólogo, un asistente social y el director de la unidad correspondiente. Debe realizarse “en el menor tiempo posible desde el momento del ingreso” dice la disposición.

La misma señala que los objetivos del nuevo régimen son los de “propender a contrarrestar los factores que favorecen la internalización de la subcultura carcelaria”; “reducir la conflictividad entre internos de reciente ingreso a unidades penitenciarias federales” y “generar una progresiva reducción de los incidentes de violencia, tanto entre los internos, como entre ellos y el personal penitenciario”.

Alojados en pabellones diferenciados, los internos incorporados al régimen están sometidos a un tratamiento que privilegia la acción educativa y terapéutica; la actividad física y la recreativa cultural. El deporte tiene también presencia sustancial en esta modalidad de trato, a lo que se suman talleres de utilización del tiempo libre, afirma la normativa.

Ésta prevé que esas actividades se realizarán a contraturno del resto de la población penal, con la finalidad de mantener la separación de los primarios de los segmentos reincidente y reiterante.

En caso que algún interno incorporado reciba condena, está previsto el cambio de alojamiento a sectores de condenados, aunque “acorde a su perfil”, señala la disposición.

El “Régimen de Trato y Convivencia para Internos Primarios” contempla la presencia de un psicólogo y un trabajador social para la atención de los reclusos y la presencia de un número “mínimo” de guardias de custodia, a los que se encargará la misión de “aumentar la interacción con los detenidos”, se puntualiza.

Esta nuevo régimen de convivencia para los primarios estará supervisado por la ya citada “Comisión de Admisión y Evaluación”, conformado por el profesional psicólogo, un trabajador social y el director de la unidad de alojamiento.

Como ya se dijo, la medida es un principio de respuesta a la demanda del sistema de contener la propagación de los factores criminógenos propios de las cárceles entre los detenidos, las que naturalmente impregnan y afectan en mayor medida al recién ingresado.

Aunque no se dice oficialmente, el “Régimen de Trato y Convivencia para Internos Primarios” es también una respuesta institucional a las quejas generalizadas de muchos sectores sociales -hay que excluir de éstas a los tendenciosos o con motivaciones ideológicas- que califican a los establecimientos de detención como “universidades del delito”.

Si bien esta respuesta surge demorada, es de alto valor por lo detallado: no sólo asocia penitenciarismo bien entendido en su misión resocializadora; también es saludable para los detenidos primarios, el más vulnerable de la población penal, para el personal carcelario y para el conjunto de la sociedad que exige menores tasa de reincidencia criminal. Traducido: mayor seguridad.
Foto: Ex U.2 de Villa Devoto, hoy Complejo Penitenciario Federal de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, del SPF

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