lunes, octubre 22, 2007

Voto tumbero en Argentina: indiferencia tras las rejas


Curiosamente, y contra todos los cálculos del gobierno, sólo una sexta parte de los presos federales procesados en condiciones de votar por primera vez el domingo han manifestado su voluntad de hacerlo .
El número es revelador de la indiferencia con la cual los detenidos tomaron la posibilidad de elegir a sus gobernantes. De 6 mil procesados en el sistema federal, sólo unos mil pedirán el domingo ser conducidos desde sus pabellones de alojamiento a la urna que se instalará especialmente en los penales para recibir el voto tumbero.
Esta indiferencia no tiene que ver con la que también manifiesta la sociedad libre respecto de las elecciones presidenciales en la Argentina, donde la creencia generalizada es que los aparatos políticos oficiales dominarán el pronunciamiento del comicio.
Debe inferirse, en cambio, que las promesas ensayadas por las autoridades políticas al segmento de los detenidos procesados para conquistar su voto, con extensión al de sus familiares y allegados naturalmente, resultaron chatas para las pretensiones de los presos. Se esperaba más del otro lado de las rejas y la oferta no sedujo en la proporción que pudo estimarse. En la cárcel es así si vos, autoridad, me pedís algo fuera de lo reglamentado y codificado, me tenés dar algo a cambio.
Lo cierto es que alrededor de mil procesados federales votarán el domingo, si es que por algún hecho otros no se arrepienten antes. Habrá que esperar alharaca oficial sobre la inauguración del voto tumbero en la Argentina, para dar trascendencia a una cifra extrañamente intrascendente.
Aunque esa alharaca no recortará un centavo del gasto que ocasionó al contribuyente el armado del andamiaje para poner en marcha este voto tumbero. Será muy caro para la gente que paga los impuestos el costo de cada sufragio en la cárcel. ¿Cuánto?: “Jamás lo vas a saber”, dice el tango.
En lo carcelario provincial, nadie arriesgó números sobre la cantidad de votantes alojados en las cárceles de cada jurisdicción. Es de imaginar, de acuerdo a las costumbres, que el porcentaje de concurrentes a las urnas será mucho menor que en el sistema federal.
Se estima que más de veinte mil presos estarían en condiciones de votar en todo el país, aproximadamente la mitad del número de detenidos sin sentencia firme alojados en los penales de la Argentina. Por lo visto, se estará lejos de acercar esa cifra a las urnas.
Debe esperarse también que para atenuar esta intrascendencia de la elección tumbera de acuerdo a las expectativas que inicialmente se manejaron oficialmente, organismos de derechos humanos que se comprometieron con el voto carcelario disparen culpas contra distritos judiciales, jueces, fiscales, funcionarios encargados de confeccionar los documentos de identidad y autoridades penitenciarias. Hubo ocho meses, demasiado tiempo, para aceitar el proceso. En vez de culpar, habrá que asumir.
Por primera vez
Por primera vez en las cárceles argentinas los detenidos procesados que tengan su DNI votarán voluntariamente en las elecciones presidenciales del domingo, tras la firma de un decreto reglamentario rubricado por el presidente Néstor Kirchner, que reglamentó el beneficio otorgado en 2004 a los recluidos sin sentencia firme por la modificación a la ley 25.858.
Los servicios penitenciarios están encargados de gestionar los DNI a los internos que hayan manifestado su intención de participar del comicio.

Se ha previsto que el día de la elección los detenidos serán traslados en pequeños grupos desde los pabellones de alojamiento hasta el sector donde se ubicará la urna -generalmente el área educativa de la cárcel-. Al llegar a la mesa especialmente habilitada entregarán el DNI a las autoridades e ingresarán al cuarto oscuro donde votarán divididos por el distrito electoral al que pertenecen.

Las boletas para sufragar tendrán diseño también especial adecuado al voto en una cárcel: cada una de ellas registra el nombre de todos los candidatos y partidos políticos participantes, entre los cuales el detenido marcará el de su preferencia con un elemento de escritura; posteriormente ensobrará la boleta y dejará el cuarto oscuro para depositarla en la urna habilitada.

La autoridad penitenciaria controlará la elección, aunque la presidencia y las fiscalías de mesa podrán asignarse a cualquier ciudadano. Al finalizar el comicio, las autoridades de mesa fiscalizarán si la cantidad de boletas corresponde a las del padrón y luego las remitirán al correo desde donde serán enviadas a la Cámara Nacional Electoral.

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