jueves, julio 12, 2007

EE.UU.: Firme aquí y a custodiar detenidos ya


Guardias carcelarios van a cuidar presos cuando todavía no se ha secado la tinta con la que firmaron sus contratos para el municipio de Dallas, en los Estados Unidos.

Lo que resulta impensado, sobre todo cuando se habla del primer país del mundo, sucede con frecuencia: docenas de reclutas pasan hasta seis meses controlando pabellones de las cárceles antes de ser admitidos por la academia, recibir la capacitación estipulada y rendir el examen que los habilita a recibir el permiso de trabajo estatal como oficiales correccionales.

A veces los nuevos e inexpertos deben vigilar a presos violentos el primer o segundo dìa de trabajo. “Es frecuente que suceda”, afirmó Kenneth McGinnis, socio de una empresa de cárceles privadas, aunque especificó luego que la gran mayoría de las administraciones carcelarias “tratan de capacitar reclutas en escuelas antes de entrenarlos en el trabajo para que al menos tengan algunas aptitudes al entrar” en los establecimientos de detención.

Por la crisis de personal en las prisiones, que por lo visto no sólo condiciona significativamente a los sistemas carcelarios de Centro y Sudamèrica, la administración carcelaria optó por activar agentes sin entrenamiento como paliativo -indeseable- a la situación.

Dallas no logró superar las inspecciones de sus penitenciarías en los últimos cuatro años, por no cumplir con el requisito mínimo del estado de emplear un guardia por cada 48 prisioneros.

Los nuevos custodian a los detenidos sin haber aprendido leyes y reglamentos, ni técnicas de defensa y seguridad adecuadas. Entre otras cosas, esta situación deja abierta la posibilidad de que, ante eventuales agresiones que pueda sufrir un preso en un sector controlado por un guardia sin formación, el municipio cargará con la responsabilidad civil por no proporcionar personal entrenado.
Las autoridades aseguraron que hasta la fecha no hubo incidentes en las cárceles que puedan ser atribuidos a guardias sin capacitación.

Legal
La práctica de enviar personal sin entrenamiento es tan riesgosa como legal en Dallas: las licencias temporales para guardias del estado permiten que los reclutas de más de 18 años trabajen en las prisiones mientras esperan una vacante la academia de oficiales. El departamento del sheriff -a cargo de las cárceles- tiene un año para entrenarlos y certificarlos.

Mientras se extiende la emergencia de personal los nuevos empleados son supervisados por oficiales de entrenamiento, veteranos que aceptan tomar el trabajo adicional de conducir a los reclutas por 100 dólares más al mes. Pero ante la crisis de personal que enfrenta Dallas por su necesidad de cubrir cientos de nuevos puestos con urgencia, la calidad de esa supervisión es dudosa afirman los conocedores.

Más de doscientas vacantes habilitadas el año pasado fueron cubiertas bajo esta modalidad, pero se requirieron más de la mitad de ese número -115 veteranos- como oficiales de capacitación para supervisarlos.

La inspección más reciente de las prisiones, efectuada por la Comisión de Estándares de Prisiones de Texas en marzo, señaló que se asignaron nuevos empleados para realizar tareas en las prisiones incluso antes de que se enviara su documentación al estado para que se les otorgara una licencia temporal de guardias.

Michael Ortiz, portavoz de la oficina de la sheriff, defendió la postura de la administración al sostener que “un poco de capacitación de trabajo antes de llegar a las aulas es buena”.

Con esta premisa que reemplaza a la exigencia, los comisionados de Dallas cubrieron puestos de guardias priorizando la rapidez a la seguridad como respuesta a la urgencia. Desde 2005, más de trescientos cincuenta vacantes fueron cubiertas de esta manera.

Stan Thedford, presidente de la Asociación del Sheriff del condado de Dallas, dijo que le gustaría que los nuevos empleados primero fueran a la academia. “La peor amenaza a la seguridad dentro de las prisiones es la fraternización entre prisioneros y guardias” agregó. “Eso puede evitarse, entrenando bien a los guardias antes que se les permita interactuar con los prisioneros sentenció el especialista.
Fotografía: prisión de máxima seguridad de Florence, estado de Colorado

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