jueves, noviembre 20, 2008

Cárceles de Bolivia: alojan familias enteras de presos y sólo uno de tres es condenado

De cada diez detenidos en las cárceles de Bolivia, siete no tienen condena, según un informe del Servicio Nacional de Defensa Pública.

La cifra se encuadra dentro de los índices de encarcelamiento de muchos de los países latinoamericanos, donde la Justicia es más que lenta y además sospechada.

Pero lo que es particular y sorprende del sistema penitenciario del país del altiplano es que, en la mayoría de sus cárceles, conviven familias enteras lo que provoca un registro inusual de niños, adolescentes y hasta recién nacidos alojados por iniciativa del clan familiar: en la actualidad son casi 1.500 los menores que acompañan a sus madres o padres detenidos en los pabellones carcelarios.

Las celdas, en muchos casos, son alquiladas o entregadas en anticrético -un depósito de dinero- que permite la convivencia de grupos familiares en pequeños lugares “adaptados para encierros”, dice la información llegada. Los ocasionales “huéspedes” deben trabajar en lo que pueden para el sustento de su familia, se agrega.

Muchos de los presos acompañados de sus familiares en la prisión, con condenas de 30 años o más, decidieron quedarse a vivir hasta sus últimos días, añade sorprendentemente la información recibida del país vecino.

En La Paz están detenidos preventivamente –procesados- 786 personas, en Cochabamba 1.259, en Santa Cruz 2.233, en Sucre 53, en Potosí 163, en Tarija 163, en Oruro 85, en Beni 101 y en Pando 73.

En La Paz los presos condenados son 774 ciudadanos, en Cochabamba 148, en Santa Cruz 304, en Sucre 34, en Potosí 87, en Tarija 29, en Oruro 120, en Beni 193 y en Pando 58.

En los 54 centros penitenciarios del país hay 6.434 varones y 938 mujeres privadas de su libertad, de los cuales el 24% está procesado por delitos de narcotráfico, 13% por violación e igual porcentaje por asesinato.

Los informantes sostienen que las cárceles con régimen de ‘”máxima seguridad” como Chonchocoro (La Paz), Palmasola (Santa Cruz), o San Sebastián (Cochabamba), carecen de adecuados mantenimientos de sus infraestructuras, a lo que se agrega el hacinamiento de la población penal por falta de instalaciones carcelarias.

Por todo esto y como debe esperarse, hacinamiento y mayoría holgada de internos sin sentencia en los pabellones de alojamiento, los motines de presos son todo lo frecuente que pueden prometer este tipo de escenarios. Aunque esta síntesis de las carencias penitenciarias no tiene a Bolivia como referente único de la región.

Por el contrario, como ya se sugirió antes, la precariedad presupuestaria alcanza a la gran mayoría de los sistemas carcelarios de Centro y Sudamérica. Hace falta mucho camino –y mucho dinero del presupuesto- en la región, para presentar realidades penitenciarias medianamente aceptables. Mientras tanto, el tiempo pasa y con cada día esa realidad se ve cada vez más deteriorada.

Fotografía: imagen más que elocuente de un sector de una cárcel -lamentablemente no identificada- en la capital boliviana, La Paz. Como se ve, todo muy chiquito y precario.

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