viernes, julio 11, 2008

Baronesa inglesa experta: "Latinoamérica no halla la forma de mantener vivos a sus presos"

Vivien Stern no sólo posee el título nobiliario de baronesa en el Reino Unido, sino además tiene una banca en el Senado de su país e integra varias entidades académicas internacionales que abordan los temas penales y penitenciarios. Las cárceles, lo reconoce, son su obsesión, y estudia y trabaja para aliviar la situación penitenciaria proponiendo alternativas a la prisión para delitos leves. Hace poco visitó la Argentina y algunos de los establecimientos de detención más importantes.

Entrevistada en Buenos Aires por el periodista británico Andrew Graham-Yooll sobre la delicada problemática de la cárcel, Stern dió respuestas concretas y sorprendió al público de América latina, cuando sostuvo que "esta región no ha hallado la forma de mantener vivos a sus presos; no puede ser que el Estado quite la libertad a una persona para condenarla a muerte en una penitenciaría; no es aceptable" remató.

Aquí la entrevista:

¿Cómo se puede encarar una reforma penitenciaria cuando buena parte de la sociedad piensa que las cárceles son un basural donde las puertas deberían cerrarse y tirar las llaves?
Se debe usar nuestras cárceles para gente que es realmente peligrosa, cuyos crímenes son serios, o que han cometido crímenes que son tan inaceptables que hacen necesario dar un mensaje de advertencia. Pero no debemos usarlas cárceles para gente enferma mental o adicta o jóvenes, a quienes la cárcel los llevará de ser de pequeños criminales a grandes criminales, o para mujeres que han sido abusadas o sufrieron violencia y cuyos crímenes son en general no violentos. No debemos usar las cárceles para alojar ese tipo de gente porque es un tremendo desperdicio del dinero del contribuyente y si gastáramos el dinero de otra forma nos hallaríamos viviendo en una sociedad más segura. Este es el camino diferente.

¿Esto tiene que ver con la política?
Tiene que ver solamente con política. Comprendo lo difícil que es instalar políticas, pero puedo decir que hay partidos políticos, por ejemplo en Canadá, que en los últimos veinte años han mantenido estable y hasta disminuída la población carcelaria, mientras un poco al sur de ahí, en Estados Unidos, duplicaron la población de reclusos. Creo que hay abundante evidencia que no hay una conexión obvia entre tasas de crimen en una sociedad y números de presos. No se puede decir que en norteamérica toda esta gente está recluida porque existe un nivel tremendo de criminalidad. Canadá tiene menos gente en las cárceles y los niveles de criminalidad están bajo control. Se puede criticar muchas otras cosas de esas dos naciones, pero en este tema los datos son claros.

Su país es Inglaterra. ¿Qué situación existe ahí?
Algo cambió en el Reino Unido a mediados de los noventa. Cuando Margaret Thatcher llegó a primera ministro -mayo de 1979-, se la percibió como una política muy conservadora. Sin embargo la población penitenciaria se redujo. Las políticas carcelarias pasaron a ser más racionales. Thatcher estaba contra el despilfarro de dinero y no fue difícil para sus consejeros convencerla de no malgastar. Sus credenciales de derecha eran impecables y nadie la acusaría de ser blanda. Algunos le reclamaron que construyera muchas cárceles para llenarlas de gente. El costo era alto. El resultado fue que la población carcelaria llegó a ser algo así como la mitad de hoy bajo un gobierno laborista. Cuando el laborismo llegaba al gobierno, en varios países de Occidente los políticos descubrieron el potencial electoral de prometer “ley y orden”. Esa era una abreviación de “apelaremos al sentimiento punitivo de la gente prometiendo medidas duras contra los criminales”. Eso fue importado desde Estados Unidos a Inglaterra y ahora sus cárceles están llenas de enfermos, débiles mentales, los inadecuados y los jóvenes. El costo de mantener cárceles es grande y el público no está satisfecho con un sistema penitenciario lleno de gente que no debería estar encerrada.

¿Visitó cárceles en la Argentina?
Unicamente la cárcel de mujeres de Ezeiza. Pero mis colegas de la Universidad de Londres, que es mi base, y mi marido, que sí ha visitado penitenciarías en las provincias de Buenos Aires, Mendoza, Neuquén y otros lugares, son mis fuentes. Entre todos tenemos un conocimiento amplio sobre la temática argentina.

En los ´90 se construyeron cárceles nuevas, pero el equipamiento en varios casos es poco feliz.
Hay que ver con dónde se buscaron los diseños. No es recomendable los diseños de Estados Unidos porque la filosofía ahí es abaratar: cuánta gente se puede meter en un pequeño lugar.
Además esas cárceles de EE.UU. tienen un aspecto horrendo que es no tener celdas al exterior con acceso de aire. Todas las celdas miran hacia un pasillo interno de rejas con una pequeña ventana con luz exterior en cada punta. Es un diseño poco feliz. Me parece lamentable. He visto cárceles en cuarenta o cincuenta países y suficientes diseños de prisiones como para saber qué es mejor y qué peor.

América latina, de punta a punta, tiene un serio problema en sus prisiones. Quizá mucho tenga que ver con historia, con economía y con cultura. Cada mañana que abro mi pantalla con información de todo el mundo, hasta tres veces por semana llega algún dato de América latina en que ha muerto un preso. Honduras, El Salvador, con frecuencia en Brasil, también en Argentina, y en toda la región. Hay un motín, un incendio, una toma de rehenes, una serie de muertes, dos y tres veces por semana. Eso es más que en el resto del mundo. Esta región no ha hallado la forma de mantener vivos a sus presos.

Hay otros aspectos del sistema carcelario que la región puede enseñar al mundo, en términos de humanidad, que son admirables y envidiables. Esto incluye las formas en que se mantiene el contacto con familias, formas que son muy superiores a las condiciones halladas en países anglosajones. Sin embargo, la violencia es la gran mancha en el sistema en América latina. Necesita ser tratada. No puede ser que el Estado le quite a una persona su libertad para condenarla a muerte dentro de la penitenciaría. No es aceptable.

Vivien Stern es titular de la comisión honoraria de reforma penal internacional, miembro de la Asociación del Centro Internacional de Estudios Penitenciarios de la Universidad de Londres, también presidente de una ONG, de nombre Penal Reform Internacional (PRI), que estudia formas de mejorar la Justicia penal y el sistema penitenciario en el mundo. Visitó Buenos Aires por tercera vez y lo central de su agenda aquí fue brindar una conferencia magistral con el ministro de la Corte Suprema, Raúl Zaffaroni. Llegó invitada por el British Council y la embajada británica para conversar con autoridades y expertos locales sobre el sistema penitenciario.

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